Había una vez... solo una vez...



Recuerdo la 1era cita...

Llegué tarde como siempre y el taxista me aconsejó que solo "llegara molesta", nunca lo apliqué...

Moría de pena, pero te recompensé, un abrazo largote te propiné.
Rica comida y Excelente helado... que jamás se repitió.

En poco, eras lo que pensaba al cruzar el puente de regreso,
una hermosa huída bastó para que fueras mi nardo, ese que huelo y quiero volver a oler;


...de nuevo... de nuevo...


Ese mismo olor que en algunas semanas me dejó oliendo flores muertas en la fría esquina de la cama de nuestro hotel...



Ahora a mi nardo alto, sencillo, y blanco... se le seco el perfume.


La naturaleza es sabia,
cada vez que toco una de tus flores muertas, secas e inoloras;
se deshacen como el recuerdo de tus labios diciendo lo que no hiciste
y se desvanece como mis lagrimas en esta piel desnuda
que una vez.. fue tuya.

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